RACING 4 - LANUS 0

Academia de baile




Racing vapuleó a un Lanús sin ideas y festejó después de cuatro derrotas en fila. Martínez, Moreno, Cahais y Hauche convirtieron para el 4-0 sobre el Granate de Zubeldia, que terminó con nueve por las rojas a Pelletieri y Lugo. Ahora, respira Russo. ¿Y Zubeldía?


De algo se podía estar seguro cuando Salcedo relinchaba y probaba el apoyo de su rodilla golpeando el césped como un caballo. Si en algún momento Lanús se veía abajo, Zubeldía iba a tener que ser lo que no es -mago- para cambiar el transcurso del partido. Con tantos imponderables, con tantas malas, denigrar a la suerte era lo mínimo que podía hacer.

Primero, en el arranque nomás, Regueiro se desgarró y fue reemplazado por Sasá. Después, el paraguayo chocó en mitad de cancha y tuvo que dejarle su lugar a Castillejos. En medio de tanto cambio obligado, y cuando, pese a esto, el recorrido del juego tomaba color grana, fue que llegó el gol de Matías Martínez. Un mal rechazo del pibe Erramuspe y, el defensor, hacedor de goles en momentos difíciles si los hay, la metió de cabeza.
Protesta va, protesta viene por el ingreso o no de la pelota -Marchesín la sacó claramente adentro-, roja a Pelletieri y un nuevo problemita para la cabeza de Zubeldía. Ahí fue que empezó a funcionar el esquema innovador que eligió Russo. Racing, con uno más, supo tener la pelota y comerle el mediocampo a Pizarro. El segundo gol lo evidenció: el volante central, completamente desorientado, perdió una pelota ante un entusiasta Gio Moreno que terminó en penal y gol del colombiano.
El floreo de Toranzo y Moreno para manejar la pelota, los nervios de un Lanús con los sentidos
atrofiados (sufrió ocho goles en dos partidos) y la servilleta con bastones blancos y celestes colgada al cuello, le pusieron punto final al partido. Gio sirvió, Hauche cortó el suculento plato, Cahais agarró los cubiertos y hasta Ayala se sentó a la mesa (este torneo fue los seis partidos al banco y no ingresó en ninguno). Russo prefirió tomar de su botellita de agua. Esta vez no le cayó mal la comida.

VELEZ 4 - BOCA 4... Si, en serio!!!

Dos optimistas del gol...




El día en que Palermo alcanzó el récord, pese a fallar un penal, Vélez y Boca regalaron un ejemplo de optimismo. El local ganaba con un cabezazo de Zapata, el equipo de Alves lo dio vuelta con goles de Monzón, el histórico del Loco y Gaitán, el Fortín no se rindió y pasó de 1-3 a 4-3 gracias a Silva, Martínez y otra vez el uruguayo, y a dos minutos del final apareció Medel para el 4-4 final. Partidazo.





Los dos venían con pálidas de la fecha pasada, a Boca le empató Estudiantes sobre la hora y Vélez perdió con Huracán. Hoy, la victoria era el único resultado positivo. Y la actitud de los dos equipos estuvo a la altura. Lo empezó ganando el Fortín, lo dio vuelta el Xeneize, volvió a ponerse arriba el local y finalmente lo empataron los dirigidos por Alves. Fue 4-4 con dos optimistas si los hay: Palermo, que erró un penal, pero metió uno y alcanzó al récord de Cherro; y Silva, dos tantos a pura potencia. Seguí leyendo la crónica del mejor partido del torneo: La batalla de Liniers.




A los 13 minutos, la yeta (o el karma, como quieran llamarlo) de Boca se hizo presente: centro frontal de Cabrera y gol de cabeza de Zapata, con una definición poco ortodoxa, pero efectiva. El volante le dio con la parte de arriba de la testa, casi con la nuca, de espalda al arco y la clavó igual. Boca sabía que no podía bajonearse y fue para adelante. Después de una falta a Gaitán, Román la movió rápido, tiró pared con el zurdo, Nico entró al área y apenas sintió el agarrón de arriba de Lima se derrumbó. Martín se hizo cargo del penal y Cherro tembló. El 9 le dio fuerte, apenas a la derecha de Montoya y el arquero de Vélez la sacó un poco con la rodilla y otro poco con la mano. El récord se hizo esperar y la remontada de Boca también, pero llegaron...

 
Primero, a los 36,' Monzón fue por la izquierda, metió el centro que se desvió, Domínguez se la dejó servida y el lateral le dio de una de zurda al primer palo. Golazo para el desahogo de todo Boca y revancha de Fabián que había fallado en el 1-0 del Fortín. Tres minutos después, el Pochi se la dio a Román y el 10 habilitó a Palermo, que la paró de derecha y definió de zurda. Si el de Monzón fue desahogo, este no se quedó atrás. El 9 alcanzó los 218 de Cherro, lo gritó con todo (varias veces) y se abrazó con Riquelme. El enganche había dicho que quería hacer goleador al Titán y está cumpliendo: Martín lleva seis en el Clausura. Muchas emociones para 45 minutos, muchas más en los otros 45.

 
El segundo tiempo no fue menos. Vélez tuvo el empate dos veces con Silva, un cabezazo que dio en el travesaño y un zurdazo que se fue cerca. Pero Boca no se quedó de brazos cruzados y a los 11' llegó otra linda jugada: Palermo se la dio a Riquelme, el 10 -de una- metió un exquisito pase para Gaitán, que definió de zurda, arriba al primer palo, para el 3-1. ¿Liquidado? Para nada, porque Silva, después de errar otro cabezazo (que sacó muy bien García), descontó y le puso un signo de interrogación al partido. Fueron dos pálidas en una para Boca, porque después del descuento del uruguayo, Palermo salió con una contractura (entró Viatri).




Se sabe que a Boca le cuesta cerrar los partidos y esta vez no fue la excepción. Rodrigo López, el Burrito Martínez y Silva se lo perdieron, pero a los 29' Maxi Morales encaró, la metió al medio y cuando parecía que la jugada se diluía, apareció el Burrito Martínez para darle de zurda y meterla abajo: 3-3. Y hay más. Pelotazo a la espalda de Luiz Alberto y derechazo cruzado de Silva que terminó adentro. Sí, Vélez lo dio vuelta. Sí, Boca otra vez con las manos vacías... No. Esperen, no se vayan. Aunque no lo crean, falta el final de la película. A los 44' zurdazo de Monzón, Montoya dio un rebote que Medel mandó a guardar y 4-4. Un gol con el sabor especial para el chileno, sin dudas. Y para Boca también. Ahora sí, levántense de la butaca y aplaudan.


El empate dejó a Vélez puntero, junto con Godoy Cruy y Colón (ambos con un partido menos). Del otro lado, al Xeneize no le sirve para el torneo, llegó a ocho puntos y sigue en mitad de tabla. Cada equipo puede hacer su análisis, pero lo cierto es que el vaso medio lleno y medio vacío es para los dos. Lo pudieron perder y lo pudieron ganar. Fue parda en La batalla de Liniers, sin vencedores ni vencidos.

VELEZ - BOCA A LAS 19:10

Peligro de gol...



Si hoy anota una vez ante Vélez, Palermo alcanzará a Roberto Cherro, el máximo artillero del club incluyendo amateurismo. El 9, goleador del torneo con cinco gritos en seis PJ, tiene 217. Y como cada vez que le ponen una marca delante, quiere pasarla...





Yo no lo (Ch)erro...


¿Será ese optimismo para el gol que siempre lo caracterizó o habrá algo más, quizá sobrenatural, para explicar su fenomenal vigencia? Lo cierto es que Martín Palermo, a los 36 años, entrará esta noche a la cancha de Vélez con el objetivo de seguir haciendo historia. ¿Más todavía? Sí. Como si no hubiese sido poca cosa el récord que quebró de Varallo, el "mejor 9 de los últimos diez años del fútbol argentino", como lo definió Riquelme, irá hoy por otro pedazo de bronce. Si convierte, igualará la marca de Roberto Cherro, quien metió 218 goles en Boca, entre el amateurismo y el profesionalismo. Si convierte, nadie habrá hecho más goles que él en los 105 años de vida del club y se acabarán las polémicas en torno de las estadísticas. Si convierte, también, se cumplirá una máxima que puede dedicarse a su figura: "Siempre que se espera que haga un gol... lo termina haciendo".








 Yo no lo (Ch)erro...
 Dueño de un sexto sentido en el área rival, de un instinto animal que casi nunca le falla, Palermo es capaz de transformar una jugada intrascendente en gol. El mejor ejemplo fue ese reciente cabezazo contra Jamaica, jugando para la Selección local, más allá de la responsabilidad que tuvo el arquero. O aquella media vuelta contra Estudiantes, en el Apertura pasado, que el 95% de los delanteros tira a la tribuna y él cuelga de un ángulo. O el gol de mitad de cancha a Independiente, en los minutos finales, en el Clausura 07. El que puede dar fe de ese oportunismo es Germán Montoya, el arquero de Vélez, quien hoy intentará que el récord de Cherro dure 90 minutos más. En el Apertura, un mal despeje suyo terminó en un cabezazo de Palermo desde casi 40 metros, convirtiéndose en uno de los goles de cabeza que desde más lejos se hicieron en la historia del fútbol.




 

Yo no lo (Ch)erro...


Se sabe. La historia de Palermo es lo más parecido a un guión cinematográfico. El ídolo que emerge, luego cae, sufre y termina repareciendo, otra vez como héroe. Le pasó en el 2000, cuando volvió tras su grave lesión en una rodilla y le hizo el gol al River de Gallego en la Libertadores. Sí, la noche del muletazo. También ahora, cuando entró contra Perú y los hinchas de todos los clubes gritaron ese gol que significó prácticamente el pasaje a Sudáfrica (de la Selección y el suyo). Palermo es así. De película. El que hace reír (tras alguna pirueta fallida) y también llorar (por lo general, a los hinchas rivales, claro).



 
Yo no lo (Ch)erro...


De mejor humor tras el acercamiento dirigencial de los últimos días, justo en momentos en que Martín pide una señal sobre la renovación de contrato, se supone que si la mete contra Vélez volverá a gritar el gol. Cosa que no hizo contra los mendocinos ni con Estudiantes. Su mejor semblante en las últimas prácticas fue un buen augurio. Se lo ve más tranquilo, pese a que nadie le aseguró su continuidad. Pero algo es algo. Ahora, en su caso, ¿es tan clave que se encuentre bien de ánimo? Palermo derriba todos los frases hechas. Si hasta convirtió un gol, en el 2006, tres días después de que muriera su hijo en un parto prematuro. O que convirtió su gol N°100 con los ligamentos de la rodilla derecha ya rotos.








 Yo no lo (Ch)erro...


Como pasó en aquel gol del 2000 a River (todo el mundo sabía que si entraba, lo iba a meter), el Titán tiene la virtud de cumplir, generalmente, con todos los pronósticos. En términos burreros, es una fija. Se esperaba un gol suyo justo contra Gimnasia, su eterno rival, para igualar el récord de 180 goles de Varallo, y también lo hizo. Se sospechaba que la iba a meter contra River en el Apertura (la tarde que usó la máscara por su problema en la nariz) y, obviamente, no perdió el olfato goleador. Y así hay miles de casos que pueden servir para agigantar aun más su fama de goleador serial. Para colmo, llega a este partido con Vélez con uno de los mejores promedios de gol de sus últimos años. Lleva cinco en seis partidos y, de meterla, llegará a seis, la misma cantidad que hizo en el Apertura. El récord de Cherro corre peligro. Peligro de gol, también, habrá hoy. Como cada vez que juega Palermo...
 

Resumen de la fecha 6 del clausura 2010:

RIVER 1 - GIMNASIA LP 1







HURACÁN 3 - VÉLEZ 2









BOCA JUNIORS 1 - ESTUDIANTES LP 1







NEWELL´S 2 - BANFIELD 1







LANÚS 3 - ATLÉTICO TUCUMÁN 0







ARSENAL 0 - CHACARITA 3







SAN LORENZO 1 - TIGRE 0








COLÓN 1 - ROSARIO CENTRAL 1







INDEPENDIENTE 1 - RACING 0








Conferencia de prensa de Gallego después del partido:




CHACARITA 2 - RIVER 3



Una Ferrari... y un Fitito



El doblete de Paulo le dio una ventaja impensada a River que, lejos de asegurar el partido, se equivocó lo suficiente como para terminar ganando sin merecerlo.  

A River se le presentó un partido como para desfilar, para
 tirarse a la sombra de un árbol y hacer un poco de tiempo esperando la hora del final. El asunto, en estos casos, es que cuando esa sombra es tan acogedora en un día de calor, te podés quedar dormido... Tenía un 2-0 servido, que se le había entregado mucho más fácil de lo imaginado, y terminó pariendo un triunfo caliente, visceral, ultra necesario: después de un debut perdiendo como local, terminar en empate un partido así significaba casi otra derrota. 
Las leyes que enmarcan la justicia en el fútbol se rigen por la sencilla ecuación de quién mete más veces la pelota en el arco contrario, entonces ahora resulta relativo decir que Chacarita pudo y no supo, aunque mereció empatarle a River. Sin embargo, este River deberá saber anotar los bemoles de esta victoria anímicamente importante, pero que deja dudas mirando hacia adelante. Fue una Ferrari, con Paulo intratable yendo al área rival como volante agresivo y goleador; y también fue un Fitito, escupiendo aceite y dejando huellas de una debilidad que lo acerca al tsunami más que a la mar serena.                  

De igual manera que Rodrigo Rojas se perfila como un jugador para tener muy en cuenta, que ayer puso el toque de calidad (aunque a veces se engolosina un poco) y más, porque participó en los tres goles y hasta sacó una pelota en la línea de su arco, del mediocampo para atrás River muestra un cóctel de lo peor: pasa del desorden a la inacción y cuesta ver si primero es el huevo o la gallina, porque los volantes dan ventajas y los defensores se convierten en especialistas en quedar mal parados. 


Almeyda, por caso, fue el único eximido de la última línea, cuando fue el líbero que compensó a sus pares (Sánchez y Quiroga). Y la peor noticia que tuvo River fue la salida por lesión de Ahumada, no tanto por lo que el equipo perdería en el medio (su papel junto con Barrado era pobretón) sino porque Astrada decidió mandar a la cancha a Coronel para que ocupe el lugar de Almeyda, quien se corrió al puesto de doble cinco. ¡Bingo! Definitivamente, todos mal parados.

 Por eso a Chacarita (también generoso en sus obsequios defensivos) se le simplificó la decisión de ir al todo o nada para dar vuelta el 0-2. Un poco de concentración y apostar a cruzar la pelota a la altura del área para provocar temblores. Lo tuvieron Ponce y después Morales, quienes fallaron de manera increíble; lo hizo Grabinski tras dos cabezazos en el área de River, por cierto algo bastante común de ese lado de la cancha.

La bipolaridad que venía mostrando el equipo de Astrada se confirmó en el último cuarto de hora (con descuento incluido), cuando River pareció liquidarlo con el gol de Bou y cuando Chacarita se le fue encima una vez más y -una vez más- lo vulneró, le descontó y no se lo empató porque el árbitro anuló (correctamente) lo que era el 3-3 de Parra. Y lo que hubiese sido un castigo a este equipo doble faz, que puede ser uno y termina siendo otro. Y, así, o que hoy es victoria, ayer fue derrota. ¿Y mañana? Dios dirá.

BOCA 3 - LANUS 1



Submarino azul y amarillo



Boca se movió a gusto en el agua. Lanús lo complicó en el primer tiempo, pero en el segundo salió a flote con juego y carácter. Román fue un sabio almirante.


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Abel Alves había insistido en el aporte de carácter, en el compromiso colectivo, como primer argumento para que Boca se convenciera de que la recuperación es posible. Si el DT necesitaba una respuesta desde el campo para tener una noción de su estabilidad, ya cuenta con indicios de que su mensaje gozó de comprensión general. Es más, la voluntad y el sacrificio para compensar la prolijidad de Lanús fueron sostén durante el primer tiempo. Salvo un lapso de 15 minutos, que coincidió con el gol de Medel (estupenda devolución de Paletta en la pared), Lanús estuvo al mando porque fijó territorio en el medio, con Fritzler y Pelletieri, y lo expandió con la profundidad de Blanco y Ledesma más la atención que exigían los movimientos de Castillejos. Forjado en el molde del Toto Lorenzo, Alves le sacaba a ese Boca prematuro rasgos de aquel conjunto de la segunda mitad de los 70: piernas generosas para el corte y espíritu para sobrellevar el temporal.



Hace bien Lanús en cuidar la armonía de sus desplazamiento. Es natural si Blanco conduce y sus compañeros ejecutan en sintonía. Luis Zubeldía, de todos modos, tendrá que elevar el listón de la eficacia. Ganar la pelota, llevar al adversario a su refugio durante la mayor proporción del primer tiempo y acabar el juego con tres goles en contra, todo eso exige revisar aspectos de la lección. Algún papel se perdió en el camino, porque el pronóstico favorable se frustró luego de la reanudación. ¿El Chueco Alves habrá machacado para que no decayera el combustible testicular? La reacción de Boca permite presumir que hubo obediencia y, además, que afloraron talentos vigentes.


Como un Gene Kelly sin traje ni asfalto, Riquelme anduvo cantando bajo la lluvia. JR desconoce asuntos de la física. ¿Cómo puede dominar la pelota, en velocidad y con el acoso de patadas a sus tobillos, sobre un tapiz de agua? Puesto a punto, sin distracciones en su propósito, Riquelme no tiene comparación. Le alcanzó la mitad del segundo tiempo para desbaratar a Lanús (dejó a Gaitán para que le entregara a Palermo el segundo gol y asistió a Erbes desde un córner) y restablecer una imagen que lo acerca al de 2007. Otros solistas, con instrumentos diferentes, completaron la melodía. Paletta, sin fisuras, y Medel, primer combatiente entre los volantes, alcanzaron el registro que complace a Alves. A Palermo le correspondió lo de siempre...

No fue sinfonía porque Méndez aún no se acomoda a la banda y porque Gaitán hizo abuso de firulete. Igual, para lo que se había habituado a tocar, sonó como orquesta.