Román: el extraño caso del genio y sus adoradores

Nota: Juan Cruz Garcia bussi

Si se hace un balance de los jugadores que historicamente conquistaron el corazón de la tribuna xeneize, se advertirá que la enorme mayoría exhibe un denominador común: garra,termperamento y voluntad para no rendirse ante nada.Los aspectos técnicos parecieran ocupar un segundo plano dentro de esta valoración. De allí que la devoción de los boquenses por Juan Román Riquelme adquiera una dimensión excepcional. Dueño de una habilidad superlativa, precisa pegada y comprensión estratégica del juego como pocas veces se vio, Roman jamás apeló a la violencia como herramienta de trabajo. Donde otros ponen pierna fuerte, él apela a la gambeta; donde muchos buscan el choque,él ensaya un rodeo... La calificación "pecho frío", que muchos aplican a este tipo de futbolistas, jamás lo rozó a Román. Como si su magia hubiera provocado un salto cualitativo que amplió la capacidad crítica de quienes ven al juego como el exclusivo camino hacia un resultado favorable, sin que importen las formas con que se lo consigue. Riquelme "juega --en el más profundo sentido del término-- de artista
Un pase suyo es como una pincelada precisa e inesperada, sus tiros libres parecen el trazado de un arquitecto, sus goles -- parafraseando a Menotti-- son apses a la red. Jamás "revienta" una pelota, nunca golpea al rival... Es enorme su aporte al crecimiento del "gusto" xeneize. Y todo dentro de su imperturbable perfil bajo, con una ausencia total de demagogia, a pesar de que todo lo que le reportó al club pudiera inducirlo a esa especulación, como sucede
con otros famosos colegas. Riquelme apareció en el primer equipo de la Ribera en noviembre de 1996, procedente de Argentinos Juniors y con Bilardo como entrenador. Ya en ese debut, en el que Boca le ganó 2 a 0 a Unión de Santa Fe, Román tuvo un desempeño extraordinario. Su primer gol llegó 14 días mas tarde, cuando convirtió el último de los seis tantos con que vencieron a Huracán.

Llegó Veira pero no lo tuvo muy en cuenta. Recién en 1998, con el arribo de Bianchi, comenzó su despegue definitivo. No sólo le permitió moverse en todo el frente de ataque, sino que le dio la mítica camiseta Nº10. Román respondió con creces a esa confianza: fue pieza clave en la conquista boquense --luego de diez años e invicto-- de un campeonato local. En 1999, fue partícipe de otro récord xeneize en el fútbol argentino: 40 partidos consecutivos sin derrotas; y del logro del bicampeonato, en el cual Rommy anotó siete goles. En 2001 fue galardonado por la prensa especializada como el Futbolista Sudamericano del año.

2002 marcó el inicio de su etapa europea. Pasó por el Barcelona y desemboco en el Villareal (2003-2006), donde alcanzó su máximo nivel y posibilitó que el club español disputara por primera vez la Liga de Campeones. Un conflicto con el club posibilitó que en febrero de 2007 regresara temporalmente a Boca. En ese lapso, puso todo su talento para que el Xeneize conquistara su sexta Copa Libertadores. A mediados de ese año retornó al Villareal, pero diferencias con el entrenador Pellegrini lo marginaron del primer equipo.

En 2008 Boca cerró un trato con el club español para repatriarlo definitivamente: abonó 15 millones de dólares. A diciembre de 2008 y con el Xeneize, Román llevaba ganadas tres ediciones del torneo Apertura (1998,2000 y 2008), el Clausura de 1999, tres versiones de la Copa Libertadores (2000,2001 y 2007), la Copa Intercontinental de 2000 y la Recopa Sudamericana de 2008. Su paso por la Selección Nacional registra estas conquistas: Sudamericano Sub-20 de 1997, Copa Mundial Sub-20 de 1997 y Torneo Esperanzas de Toulon Sub-21 de 1998.

Entre las distinciones que recibió hasta fines de 2008 pueden mencionarse:

º Mejor Jugador del Torneo Esperanzas de Toulon de 1998.
º Olimpia de Plata al Mejor Jugador Argetnino de Fútbol de 2000 y 2001.
º Mejor Jugador de la Copa Libertadores de 2001 y 2007.
º Mejor Jugador extranjeroo de la Liga Española de 2005.

Luego de conquistar el Apertura de 2008, Riquelme sintetizó: "Yo tengo la suerte de que todos los domingos, o cuando sea, puedo entrar a la cancha a hacer lo que me gusta y hacerlo bien. Porque sé que si lo hago bien, todos van a estar contentos. Para mí lo primero es divertirme, pero divertirse no es hacer chistes o reírse, divertirme es disfrutar con lo que hago. De chiquito aprendí que esto es un juego, con más o menos presión, pero un juego para tratar de ganar. Porque a mí, como a todos, me gusta ganar. Y sé que debo responder a lo que me piden los técnicos, pero siempre tratando de ser yo mismo".

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