SAN LORENZO 2 - ESTUDIANTES 2

¡Bienvenido el 2010!






¿Poco rodaje y piernas entumecidas? En otro momento. San Lorenzo y Estudiantes armaron un espectáculo de calidad para ser el primero del año.




No hace falta jugar diez partidos. Quedó demostrado. El cuento puede escribirse de otra manera: ni la rudeza de la pretemporada, ni las piernas duras, ni el sobrepeso vacacional. Es cuestión de querer ganar y no de intentar evitar un papelón en un compromiso que se sabe amistoso. Basta, a veces, con las buenas intenciones para que el fútbol de verano genere lo que debe: espectáculo.




En el arranque del triangular, Estudiantes dejó en claro enseguida por qué tuvo un 2009 de alto vuelo. Mostró, en los primeros minutos del partido, que es un equipo a pesar de que el año está en pañales y de que en la formación enseñó unos cuantos juveniles. Básicamente, se paró más firme en la cancha. Manejó la pelota y el terreno, intentó llegar al toque y sin pelotazos y golpeó primero gracias a un cabezazo de Juan Manuel Díaz.




Fue a los tres minutos, cuando ya los dos equipos se reían de las frases hechas de verano. Estudiantes buscaba en bloque, San Lorenzo con arranques verticales made in Simeone, tratando de ser punzante. Dos minutos después, en una escalada de Romeo por izquierda, llegó el empate: centro atrás, derechazo de Bertocchi, roce en Papu Gómez y adentro.




Hubo un rato más de buen juego. Núñez y Carrusca manejaban la pelota para los de Sabella, con Sosa como principal creador cerca del área y Salgueiro moviéndose por todo el frente de ataque. Y en general, con la simpleza del libreto de Pachorra y la realidad de los nombres, con mayor roce en Primera. Simeone, en cambio, contó con el manejo del pibe Bertocchi, buenas escaladas de Bazán y la presencia ofensiva de Romeo. En contra: la defensa juvenil, salvo por Palomino, no ofreció demasiadas garantías y Campagnuolo salvó unas cuantas. Casi todas.

El derechazo de Salgueiro y la definición por arriba de todos de Bordagaray (tras un mal despeje de Albil) decoraron el castillo de arena. Frágil, es cierto, cuando no se juega por los puntos. Sólido, a la vez, cuando los equipos buscan. Así da gusto, así disfrutaron los 15.000 que lo vieron de afuera.






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