Racing sacó provecho de la bola liviana y, con un tiro y medio desde lejos, ganó el clásico. River debutó y quedó afuera.
Cuánta verdad abraza a esa máxima que desconoce de fronteras y reconoce un solo autor: en la altura la pelota no dobla. Ahora bien, en Salta dobló demasiado. Esta número cinco viboreó ayer en favor de Racing y en perjuicio de River. Pero si hubo un ganador y un perdedor fue porque de un lado se buscó de media distancia el arco y del otro casi que se mandaron adentro las que iban para afuera.
Entre el Racing titular y el River de probeta hubo otras diferencias. El primero apuesta a un juego directo y a veces desprolijo. Pero principalmente vive de la presión. Zuculini, que honra el apellido raspando más que una piedra pomez, aprovechó un rebote en el medio para sacar el bochazo previo al 1-0. Falcón también capturó una bola que quedó flotando y así encontró el espacio para el gol del triunfo. Son imágenes de un equipo que resiste a las pausas, más allá de algunos elípticos intentos de Grazzini. Sus ataques son a pura velocidad. Y hoy le faltan dos cuestiones básicas: precisión para transformar esa rapidez en cambio de ritmo y mejor escalonamiento como para que Bieler no quede tan pero tan solo.
Mientras tanto, River se repite en ciertos aspectos y en otros acusa una voluntad superadora. La defensa no deja de sorprender con ciertas cortesías a los rivales. Pero también se ve una idea de jugar a un toque, simple, con triangulaciones. No es un canto a la precisión. Sí es un equipo que no puede romper el biombo defensivo con un par de paredes. Entre Barrado, Mauro Díaz y Pereyra se vieron los mejores encuentros. No fue casualidad la emoción del festejo. Fue, por cierto, la respuesta a una búsqueda.
Con el 2-1 se acomodaron las cosas para Racing y para Mercado, quien cumplió múltiples funciones en la noche salteña. Cuando fue lateral volante abrió el partido. De stopper por derecha bloqueó las subidas de un intermitente Bou (gran jugador de entrenamientos). Y a la hora de arroparse como líbero, en ese momento en que River juntó Ortega y al debutante Rojas, el hombre siguió sacando todo lo que le tiraban.
En efecto, el amistoso dio pie para ir vislumbrando los estilos y los guiones que ambos equipos presentarán en el Clausura. Racing le empieza a dar continuidad a la impronta que Vivas le ha dado desde su asunción. ¿Y River? Es tan cierto que tomó este desafío con un equipo alternativo como que quedó afuera de un torneo de verano en el primer partido. ¡Y qué quieren! ¡La pelota dobló para el otro lado!
Entre el Racing titular y el River de probeta hubo otras diferencias. El primero apuesta a un juego directo y a veces desprolijo. Pero principalmente vive de la presión. Zuculini, que honra el apellido raspando más que una piedra pomez, aprovechó un rebote en el medio para sacar el bochazo previo al 1-0. Falcón también capturó una bola que quedó flotando y así encontró el espacio para el gol del triunfo. Son imágenes de un equipo que resiste a las pausas, más allá de algunos elípticos intentos de Grazzini. Sus ataques son a pura velocidad. Y hoy le faltan dos cuestiones básicas: precisión para transformar esa rapidez en cambio de ritmo y mejor escalonamiento como para que Bieler no quede tan pero tan solo.
Mientras tanto, River se repite en ciertos aspectos y en otros acusa una voluntad superadora. La defensa no deja de sorprender con ciertas cortesías a los rivales. Pero también se ve una idea de jugar a un toque, simple, con triangulaciones. No es un canto a la precisión. Sí es un equipo que no puede romper el biombo defensivo con un par de paredes. Entre Barrado, Mauro Díaz y Pereyra se vieron los mejores encuentros. No fue casualidad la emoción del festejo. Fue, por cierto, la respuesta a una búsqueda.
Con el 2-1 se acomodaron las cosas para Racing y para Mercado, quien cumplió múltiples funciones en la noche salteña. Cuando fue lateral volante abrió el partido. De stopper por derecha bloqueó las subidas de un intermitente Bou (gran jugador de entrenamientos). Y a la hora de arroparse como líbero, en ese momento en que River juntó Ortega y al debutante Rojas, el hombre siguió sacando todo lo que le tiraban.
En efecto, el amistoso dio pie para ir vislumbrando los estilos y los guiones que ambos equipos presentarán en el Clausura. Racing le empieza a dar continuidad a la impronta que Vivas le ha dado desde su asunción. ¿Y River? Es tan cierto que tomó este desafío con un equipo alternativo como que quedó afuera de un torneo de verano en el primer partido. ¡Y qué quieren! ¡La pelota dobló para el otro lado!

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