Nacho, con dos exquisitas definiciones, le dio a Independiente el título en Salta. El Rojo sufrió primero pero se fue feliz-
"Vamos a pelear el campeonato para darle una alegría a la gente", dijo Piatti, goleador en Salta.
Independiente se puso el listón bien alto: la única forma de mejorar la performance en el Apertura es ser candidato a ganar el Clausura. Y si dicen que la plata llama a la plata, un título puede llamar a otro título. Desde el resultado, de Salta se llevó una buena ganancia. Porque ganó el triangular y evitó que se lo llevara Racing, porque dio vuelta un resultado, porque Américo Gallego mostró buena muñeca en los cambios, y porque también es importante tener todo el personal en buena forma, lo que incluye a los que no son parte del elenco estable. Pero el Tolo no come vidrio. Y sabe que la ganancia se le caerá de los bolsillos si no entiende que le ganó a un equipo de juveniles, que creció cuando enfrente ya no estaba la inquietante presencia de Ariel Ortega, y que en el tú a tú, el Rojo tenía un notable déficit, sobre todo defensivo (marcó mal en línea y dio ventajas por el lado de Vella), sin contar los errores cometidos por Diego Rodríguez, el que puede ser arquero suplente fijo si lo venden a Hilario Navarro, que ayer les dio un susto a muchos (ver página 6)
A favor estuvieron Ignacio Piatti (sobre todo, con dos exquisitas definiciones) y Leonel Núñez. Nacho pelea para ser el enganche que tanto espera el Tolo. El DT sabe que el ex Gimnasia necesitaba de una pretemporada para estar a tono con el resto. Y el Gordo mostró que puede pelearla desde el banco: fue delicioso el pase de cachetada que le metió al propio Piatti en el 3-2 que le dio el título al Rojo. Distinto fue el caso de Patito Rodríguez, que lejos estuvo de tomar el último tren a Londres, tal como se lo había advertido el DT.Lo de River, aun en la derrota, es auspicioso. La salida de Ariel Ortega lo desinfló. Pero el Burrito le mostró un camino de salida. Y de eso se trata el proyecto de reconstrucción: de recuperar física, mental y futbolísticamente al talento para, desde su lumbre, encender al resto. Fue cerebro y motor de un River que pretende primero dar combate y luego jugar. Y que pudo llevarse todo si Bou no se comía el 3-1 en la boca del arco. Ahí resurgió Independiente. Se la creyó. Y con oficio y más rodaje, se llevó su premio. Un canapé que matiza la espera del plato principal que no gana desde 2002.
SALTA (ENVIADO ESPECIAL).


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